En Barbarie, por Rolando de Marés. Con ese título, Rolando de Marés ha reunido muchos cuentos, cuya escena pasa en la Campine, en las épocas primitivas.
Desde luego, nos describe el país en que va a hacer vivir a sus personajes, y parece que esa región, tal como la pinta Marés, merece, en efecto, el nombre de Barbarie. Luego nos cuenta leyendas: la de la Princesa Thalia, la del Jabalí blanco, la del Gran San Nicolás; otras más, aún, leyendas ingenuas y rudas en que pasan, por las llanuras, salvajes, héroes sangrientos, implacables magas, y también, a veces, graciosas principesas.
De Marés ha sabido dar a sus leyendas las apariencias de cuentos populares, y esa apariencia convenía a narraciones que el autor quería hacer notar bárbaras; ha sabido, recordando de un cuento a otro, ciertos motivos, ciertos personajes o ciertas aventuras, dar unidad a su libro.
L'Ovex, por François de Nion. «El parentesco natural es para el matrimonio un impedimento dirimente, u óbice. Teología católica. Este epígrafe, bastante claro, permite que, sin gran esfuerzo, se adivine el contenido del libro, al menos en sus líneas esenciales.»
Mademoiselle de Royans, unida desde hace unos meses a un amigo de infancia, Jean de Vienne, descubre, en un pabellón en ruinas, antiguas cartas de su madre, de donde resulta que mademoiselle de Royans es hermana de su marido. Así, ante la joven, que no quiere divulgar el secreto maternal, se plantea un terrible dilema. Huir, sin motivo aparente, de Jean, a quien ama, o continuar el incesto. Un confesor, a quien ha consultado, le da el extraño consejo de continuar llevando sus deberes de esposa, sin rebuscar las ocasiones. Pero llega de Roma una anulación del matrimonio, y la señora, no queriendo decidirse por una ruptura, se deja llevar por una ola en los baños de mar en que se encuentra. Tal es la trama, muy simple, como se ve, de esa novela. Hay un estilo refinado hasta la preciosidad, en esta obra, en que las réplicas alternan vivamente, los personajes se presentan bien claros, en que los detalles no están desprovistos ni de propósito ni de oportunidad.
La suprema voluptuosidad, por E. Gómez Carrillo. Un librito bien escrito, mal pensado y falsamente perverso. Influencia de las «Eróticas», de Rops. Desearíamos que el joven autor perseverase en sus estudios de crítica, que le han dado un justo renombre.
R. D.