Al separarse Panamá de España, los panameños, viéndose aislados, acogiéronse a los halagos del Libertador; pero la idea de emancipación fué constante, y el 11 de Septiembre de 1830, la voz del general J. Domingo Espinas se dejó oir, e hizo que la municipalidad acordase la separación. Pronto fué, pues Panamá estuvo apenas dos meses independiente. Disturbios y revueltas, más tarde corrientes autonómicas, realizaron la unión del Istmo y la República. Sancionada esta unión, en Marzo del año de 1841, la Convención reunida en Panamá dictó la ley fundamental del Estado del Istmo; pero en Diciembre del mismo año, esta sección volvió a formar parte de la República de la Nueva Granada, que fué luego Colombia.

En 1903 se efectuó la revolución que hizo a Panamá independiente de la nación Colombiana. Al tratarse entre los Estados Unidos y Colombia la forma de realizar las obras del Canal, iniciadas, como queda dicho, por una Compañía francesa, un movimiento de opinión rompió definitivamente los lazos entre el Istmo y el Poder Central, y el 3 de Noviembre de 1903, el Consejo municipal constituyó una nueva nacionalidad libre y soberana. El acuerdo tuvo unánime aprobación popular, y el 13 de Febrero de 1904, el doctor don Manuel Amador Guerrero fué elegido presidente y aportó toda su autoridad y buenas dotes a la ardua tarea de organización en el flamante gobierno.

El escritor Tito V. Lisoni, al hablar de esta república en una interesante monografía, dice: «La administración del Sr. Amador fué muy fructífera, no obstante haberle tocado atravesar un período difícil y delicado. Se ejecutaron obras públicas notables: la pavimentación de la capital, la construcción del acueducto de las ciudades de Panamá y Colón, de puertos, caminos, escuelas y muelles, la edificación del Palacio del Gobierno y del Teatro Nacional, etc. Floreció la libertad, y se afianzaron definitivamente las garantías constitucionales.»

Al Sr. Amador le substituyó en la Presidencia D. José Domingo de Obaldía. Su hecho principal fué la celebración de un contrato para la construcción del ferrocarril casi trans-istmeño, que será de gran utilidad para el país.

Falleció desempeñando su cargo, sustituyéndole el doctor Carlos Antonio Mendoza, secretario de Hacienda, abogado eminente que cuenta larga hoja de servicios en la administración de su país. Las mejoras realizadas en la sanidad y en la enseñanza son notables. La capital ha sido transformada casi por completo, constituyendo hoy una ciudad moderna, dotada de los mejores servicios. Las obras públicas en construcción (muchas de ellas ya concluídas hoy) son numerosas. El gobierno se preocupa también en mejorar las vías de comunicación; y al efecto, el Congreso autorizó al Presidente para que terminase la línea telegráfica de doble alambre de Panamá a Veraguas, y para que construyese entre ambas ciudades una línea nueva. Ha estimulado la navegación a vapor, otorgándose cierta subvención a una compañía para que establezca un servicio de vapores en la costa del Pacífico.

El incremento del país es tan palpable que, en Junio de 1908, la Hacienda Pública tenía un activo ascendente de 7.860.096,68 pesos oro.

El presupuesto nacional correspondiente al año de 1910 fija la renta total de 6.877.469,65 pesos. En cuanto a gastos, en 1909, las Obras Públicas y la Instrucción, consideradas en conjunto, representan la parte mayor del presupuesto.

Así, la instrucción pública en Panamá ha progresado en forma extraordinaria. Uno de los apóstoles más decididos de la instrucción panameña, ha sido el Sr. Lasso de la Vega. A él se debe la Biblioteca Pedagógica, la Escuela de Artes y Oficios, el Museo, la Escuela de Indígenas.

La intelectualidad del país cuenta con dignos representantes. La historia, la crítica, la literatura, la poesía, la música y la pintura han tenido y tienen buenos cultivadores, comenzando por el presidente de la República, Dr. A. Porras, que, aparte de sus actividades políticas, es un intelectual y estudioso de valía.