La virgen de las vírgenes es inviolable y pura.
Nadie su casto cuerpo tendrá en la alcoba obscura,
Ni beberá en sus labios el grito de victoria,
Ni arrancará a su frente las rosas de su gloria.
* * * * *
Mas he aquí que Apolo se acerca al meridiano.
Sus truenos prolongados repite el Oceano.
Bajo el dorado carro del reluciente Apolo
Vuelve a inflar sus carrillos y sus odres Eolo.
A lo lejos, un templo de mármol se divisa