A. A. Lamberti.
Mis ojos miraban en hora de ensueños
la página blanca.
Y vino el desfile de ensueños y sombras.
Y fueron mujeres de rostros de estatua,
Mujeres de rostros de estatuas de mármol,
¡Tan tristes, tan dulces, tan suaves, tan pálidas!
Y fueron visiones de extraños poemas,
De extraños poemas de besos y lágrimas,
¡De historias que dejan en crueles instantes
Las testas viriles cubiertas de canas!