A Lugones.
El alba aun no aparece en su gloria de oro.
Canta el mar con la música de sus ninfas en coro
y el aliento del campo se va cuajando en bruma.
Teje la náyade el encaje de su espuma
Y el bosque inicia el himno de sus flautas de pluma.
Es el momento en que el salvaje caballero
Se ve pasar. La tribu aulla y el ligero
Caballo es un relámpago, veloz como una idea.
A su paso, asustada, se para la marea;