A los satanes verlenianos de Ecbatana,

Vienen también. Sus labios sensuales y encendidos,

De efebos criminales, son cual rosas sangrientas;

Sus puñales de piedras preciosas revestidos

—Ojos de víboras de luces fascinantes—

Al cinto penden; arden las púrpuras violentas

En los jubones; ciñen las cabezas triunfantes

Oro y rosas; sus ojos, ya lánguidos, ya ardientes,

Son dos carbunclos mágicos de fulgor sibilino,

Y en sus manos de ambiguos príncipes decadentes,