Mata la indificencia taciturna
Y engarza perla y perla cristalina
En donde la verdad vuelca su urna.
A los poetas risueños.
Anacreonte, padre de la sana alegría;
Ovidio, sacerdote de la ciencia amorosa;
Quevedo, en cuyo cáliz licor jovial rebosa;
Banville, insigne orfeo de la sacra Harmonía,
Y con vosotros toda la grey hija del día,
A quien habla el amante corazón de la rosa,