Y vestido de rojo piruetea el bufón.

La princesa no ríe, la princesa no siente;

La princesa persigue por el cielo de Oriente

La libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,

O en el que ha detenido su carroza argentina

Para ver de sus ojos la dulzura de luz,

O en el rey de las Islas de las rosas fragantes,

O en el que es soberano de los claros diamantes,

O en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?