Toca en la lira el aire su do-re-mi-fa-sol.

Curiosas las violetas a su balcón se asoman.

Y una suspira: «¡lástima que falte el ruiseñor!»

Los silfos acompasan la danza de las brisas

En un walpurgis vago de aroma y de visión.

De pronto se oye el eco del grito de la pampa;

Brilla como una puesta del argentino sol;

Y un espectral jinete, como una sombra cruza,

Sobre su espalda un poncho; sobre su faz, dolor.

—«¿Quién eres, solitario viajero de la noche?»