Escuchan sus orejas los ecos más sutiles:
Sus ojos atraviesan las intrincadas hojas
Mientras sus manos toman para sus bocas rojas
Las frescas bayas altas que el sátiro codicia;
Junto a la oculta fuente su mirada acaricia
Las curvas de las ninfas del séquito de Diana;
Pues en su cuerpo corre también la esencia humana
Unida a la corriente de la savia divina
Y a la salvaje sangre que hay en la bestia equina.
Tal el hijo robusto de Ixión y de la Nube.