Y tuvieras

De rosas blando cojín.

¡Quién abrochara tu talle

De mi valle

Con el nardo embriagador!

Y a tu pecho floreciente

Diera ardiente

Cálido beso de amor.

¿Qué más morisco y qué más zorrillesco? Ese son de guzla es ciertamente una oriental que se intercalaría sin detonar, entre las del autor de Tenorio o las del injustamente olvidado padre Arolas.