y aliente los afanes de su amorío

y realice sus sueños en el estío,

no le habléis del otoño que le intimida,

no le habléis del invierno de nieve y frío,

dejadla que lo olvide, si es que lo olvida,

y cuando en sus entrañas se sienta herida,

cuando la hora le llegue de cruel hastío

y la veáis rendirse desfallecida,

decidle, porque aplaque su desvarío,

que todo invierno es víspera de nueva vida.