el cirio que enciende mi mano

ninguna luz darte podrá.

—San Serenín, padre maestro,

mis ojos quieren penetrar

en el abismo de la muerte,

el abismo del bien o el mal,

donde vuelan nuestras ánimas

cuando el cuerpo al polvo se da.

—San Gundián, padre maestro,

¿quien el trigo contó al granar,