¡No le habléis de amor!
Tiene el vago embeleso de las damas de antaño,
en los lienzos antiguos en que muere el color...
¡No turbéis el silencio de su espíritu huraño!
¡No le habléis de amor!
Sus intimismos no tienen relación con los de otros poetas, como Rodenbach, por ejemplo. Su Vieja llave, hecha de manera tan moderna—¡y tan antigua!—es de una gracia melancólicamente doméstica y siendo tan personal, encuentra en el lector un eco de canción conocida y de algo sentido por uno mismo. Son las reminiscencias de las casas de los primeros años, saudades de tiempos ya lejanos que con su recuerdo traen al alma una vaga y sutil ternura. Y es algo criollo, algo americano y mansamente señorial al mismo tiempo.
Esta llave cincelada
que en un tiempo fué, colgada
(del estrado á la cancela,
de la despensa al granero)