que dejaba la linterna.
De pronto se oyó un chirrido,
me puse a parar la oreja,
y vide que en el camino
sola andaba una carreta,
sin ninguno que la guiara,
y sin güeyes ni compuertas;
y en el centro, en un atául,
el cuerpo de Chico Cerdas.
Eché mano a la cutacha