Mi corazón es tuyo, poeta.

Acóje esos pobrecitos Cuentos que se me han salido toscamente de la pluma. Yo los viví casi todos; ó los he cojido al vuelo, mirando sufrir á los demás hombres.

Historia de un dolor, es una historia de veras. Aquel hombre que agoniza es mi padre. Yo vivía en Holanda en 1896 y al rescoldo de mis recuerdos de hogar, escribí, y entonces publiqué, si bien algo variada, esa página íntima.

Juanito, ya tú lo conoces, me valió un laurel. ¡Pobre Juanito! Carta de amor no es literatura. Cuanto á Molinos de maíz, baste decirte que mi padre fue propietario de tahona, en una poblacioncita de Venezuela, y te juro no ser mi pobre padre, el Redil de mi cuento.

De Filosofías truncas, que no es apenas cuento, pudieran decirte mejor que nadie César Zumeta y el autor de Flor del Fango é Ibis. Los discutidores somos los tres: ellos y yo, que vivíamos juntos en Nueva York, el año pasado. El cuento, que repito no es tal, ni por tal lo tengo yo, se reduce á una charla que sostuvimos cierta noche en que hube yo de indignarme contra el cruel lapidario de Escrituras y Lecturas.

Recuerdo con placer indecible muchas de esas veladas.

Vargas Vila es, como nadie lo ignora, un admirable conversador. El epigrama es flor de su predio. Clava un chiste como un puñal. Blande las palabras con soltura sorprendente; y la movilidad y destreza de su espíritu corren parejas con su verbosidad oportuna y de buen tono.

Zumeta es alma cambiante y compleja. Es bueno y malo. Su ironía es malvada; y se ríe, cuando habla, de un modo siniestro. Pertenece á los buenos días en que se obsequiaba á un huésped, en una copa labrada, con un tósigo. Sus flores están sutilmente envenenadas. Desvalija falsas reputaciones, en dos minutos, con una habilidad calabresa. Pero hay una cosa indiscutible: que la compañía de Zumeta es siempre interesante.

Si Alma enferma, te parece lánguido, échale toda la culpa al señor Herrera Irigoyen. El nos paga por cuartillas. Sus larguezas corresponden á la longitud de nuestros escritos. Por eso jamás le he querido vender mis versos.

Más no te hablo de mis cuentos.