30 Entonces dijo Jacob a Simeón y a Leví: Me habéis turbado con hacerme abominable a los moradores de esta tierra, el cananeo y el ferezeo; y teniendo yo pocos hombres, se juntarán contra mí, y me herirán, y seré destruido yo y mi casa.
31 Y ellos respondieron: ¿Había él de tratar a nuestra hermana como a [una] ramera?
CAPÍTULO 35
1 Y dijo Dios a Jacob: Levántate, sube a Bet-el, y estáte allí; y haz allí un altar al Dios que [se] te apareció cuando huías de tu hermano Esaú.
2 Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que con él [estaban]: Quitad los dioses ajenos que [hay] entre vosotros, y limpiaos, y mudad vuestros vestidos.
3 Y levantémonos, y subamos a Bet-el; y allí haré altar al Dios que me respondió en el día de mi angustia, y ha sido conmigo en el camino que he andado.
4 Así dieron a Jacob todos los dioses ajenos que [había] en poder de ellos, y los zarcillos que [estaban] en sus orejas; y Jacob los escondió debajo de [un] alcornoque, que [estaba] en Siquem.
5 Y salieron, y el terror de Dios fue sobre las ciudades que [había] en sus alrededores, y no siguieron tras los hijos de Jacob.
6 Y llegó Jacob a Luz, que [está] en tierra de Canaán, (esta es Bet-el) él y todo el pueblo que con él [estaba];
7 y edificó allí un altar, y llamó el lugar El-betel, porque allí se le había aparecido Dios, cuando huía de su hermano.