30 Aunque me lave con aguas de nieve, y aunque limpie mis manos con la [misma] limpieza,

31 aún me hundirás en el hoyo; y mis propios vestidos me abominarán.

32 Porque no [es] hombre como yo, para que yo le responda, y vengamos juntamente a juicio.

33 No hay entre nosotros árbitro que ponga su mano sobre nosotros ambos.

34 Quite de sobre mí su verdugo, y su terror no me perturbe.

35 Y hablaré, y no le temeré; porque en este estado no estoy en mí.

CAPÍTULO 10

1 Mi alma es cortada en mi vida; [por tanto] soltaré mi queja sobre mí, y hablaré con amargura de mi alma.

2 Diré a Dios: No me condenes; hazme entender por qué pleiteas conmigo.

3 ¿Te parece bien que oprimas, y que deseches la obra de tus manos, y que resplandezcas sobre el consejo de los impíos?