4 como fue en los días de mi juventud, cuando Dios era familiar en mi tienda;

5 cuando aún el Omnipotente [estaba] conmigo, y mis hijos alrededor de mí;

6 cuando lavaba yo mis caminos con manteca, y la piedra me derramaba ríos de aceite!

7 Cuando salía a la puerta a juicio, y en la plaza hacía aparejar mi silla,

8 Los jóvenes me veían, y se escondían; y los viejos se levantaban, y estaban en pie.

9 Los príncipes detenían sus palabras; ponían la mano sobre su boca;

10 la voz de los principales se ocultaba, y su lengua se pegaba a su paladar;

11 cuando los oídos que me oían, me llamaban bienaventurado, y los ojos que me veían, me daban testimonio.

12 Porque libraba al pobre que gritaba, y al huérfano que carecía de ayudador.

13 La bendición del que se iba a perder venía sobre mí; y al corazón de la viuda daba alegría.