11 En esto habré conocido que te he agradado, que mi enemigo no se holgará de mí.

12 En cuanto a mí, en mi integridad me has sustentado, y me has asentado delante de ti para siempre.

13 Bendito [sea] el SEÑOR, el Dios de Israel, por [los] siglos de [los] siglos. Amén y Amén.

CAPÍTULO 42

1 Al Vencedor: Masquil a los hijos de Coré. Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía.

2 Mi alma tuvo sed de Dios, del Dios vivo. ¡Cuándo vendré, y compareceré delante de Dios!

3 Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, mientras me decían todos los días: ¿Dónde [está] tu Dios?

4 De estas cosas me acordaré, y derramaré mi alma sobre mí. Cuando pasaré en el número, iré con ellos hasta la Casa de Dios, con voz de alegría y de alabanza, bailando la multitud.

5 ¿Por qué te abates, oh alma mía, y bramas contra mí? Espera a Dios; porque aún le tengo de alabar por las saludes de su presencia.

6 Dios mío, mi alma está en mí abatida; por tanto me acordaré de ti desde [la] tierra del Jordán, y de los hermonitas, desde el monte de Mizar.