2 Al no haber estado el SEÑOR por nosotros, cuando se levantaron contra nosotros los hombres,
3 vivos nos habrían entonces tragado, cuando se encendió su furor contra nosotros.
4 Entonces nos habrían inundado las aguas; sobre nuestra alma hubiera pasado el torrente;
5 hubieran entonces pasado sobre nuestra alma las aguas soberbias.
6 Bendito el SEÑOR, que no nos dio por presa a sus dientes.
7 Nuestra alma escapó cual ave del lazo de los cazadores; se quebró el lazo, y escapamos nosotros.
8 Nuestro socorro [es] en el Nombre del SEÑOR, que hizo el cielo y la tierra.
CAPÍTULO 125
1 Canción de las gradas. Los que confían en el SEÑOR [son] como el monte de Sion [que] no deslizará; estará para siempre.
2 [Como] Jerusalén [tiene] montes alrededor de ella, así el SEÑOR alrededor de su pueblo desde ahora y para siempre.