30 con él estaba yo ordenándolo todo; y fui su delicia todos los días, teniendo solaz delante de él en todo tiempo.

31 Tengo solaz en la redondez de su tierra; y mis solaces son con los hijos de los hombres.

32 Ahora, pues, hijos, oídme; y bienaventurados los que guardaren mis caminos.

33 Escuchad al castigo, y sed sabios; y no lo menospreciéis.

34 Bienaventurado el hombre que me oye, trasnochando a mis puertas cada día, guardando los umbrales de mis entradas.

35 Porque el que me hallare, hallará la vida; y alcanzará la voluntad del SEÑOR.

36 Mas el que peca contra mí, defrauda su alma; todos los que me aborrecen, aman la muerte.

CAPÍTULO 9

1 La sabiduría edificó su casa, labró sus siete columnas;

2 mató su víctima, templó su vino, y puso su mesa.