16 Señor, aun a todos los que vivirán, [en estos quince años anunciaré] la vida de mi espíritu en ellos; y cómo me hiciste dormir, y [después] me has dado vida.
17 He aquí, amargura amarga para mí en la paz; mas a ti te alegró [librar] mi vida del hoyo de corrupción, porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados.
18 Porque el sepulcro no te confesará, ni te alabará la muerte; ni los que descienden en el hoyo esperarán tu verdad.
19 El que vive, el que vive, éste te confesará, como yo hoy. El padre hará a los hijos notoria tu verdad. 20 El SEÑOR [está listo] para salvarme; por tanto cantaremos nuestros Salmos en la Casa del SEÑOR todos los días de nuestra vida.
21 Dijo pues Isaías: Tomen masa de higos, y pónganla en la llaga, y sanará.
22 Y Ezequías había dicho ¿Qué señal [será] que tengo de subir a la Casa del SEÑOR?
CAPÍTULO 39
1 En aquel tiempo Merodac-baladán, hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió cartas y presentes a Ezequías; porque había oído que había estado enfermo, y que había convalecido.
2 Y se regocijó con ellos Ezequías, y les enseñó la casa de su tesoro: plata, y oro, y especierías, y ungüentos preciosos, y toda su casa de armas; y todo lo que se pudo hallar en sus tesoros; no hubo cosa en su casa y en todo su señorío, que Ezequías no les mostrase.
3 Entonces Isaías profeta vino al rey Ezequías, y le dijo: ¿Qué dicen estos hombres, y de dónde han venido a ti? Y Ezequías respondió: De tierra muy lejos han venido a mí, de Babilonia.