19 Fuera, como la arena, tu simiente; y los renuevos de tus entrañas como las pedrezuelas de ella; nunca su nombre fuera cortado, ni raído de mi presencia. 20 Salid de Babilonia, huid de entre los caldeos. Dad nuevas de esto con voz de alegría; publicadlo, llevadlo hasta lo postrero de la tierra. Decid: Redimió el SEÑOR a su siervo Jacob.
21 Y no tuvieron sed [cuando] los llevó por los desiertos; les hizo correr agua de la piedra; cortó la peña, y corrieron [las] aguas.
22 No [hay] paz para los malos, dijo el SEÑOR.
CAPÍTULO 49
1 Oídme, islas, y escuchad, pueblos lejanos. El SEÑOR me llamó desde el vientre; desde las entrañas de mi madre tuvo mi nombre en memoria.
2 Y puso mi boca como espada aguda, con la sombra de su mano me cubrió; y me puso por saeta limpia, me guardó en su aljaba.
3 Y me dijo: Mi siervo eres, oh Israel, que en ti me gloriaré.
4 Pero yo dije: Por demás he trabajado; en vano y sin provecho, he consumido mi fortaleza; mas mi juicio [está] delante del SEÑOR, y mi recompensa con mi Dios.
5 Ahora pues, dice el SEÑOR, el que me formó desde el vientre para ser su siervo, para que [se] convierta a él a Jacob. Mas [si] Israel no se juntara, con todo, [yo] sin embargo estimado seré en los ojos del SEÑOR, y el Dios mío [será] mi fortaleza.
6 Y dijo: Poco es que tú me seas siervo para despertar las tribus de Jacob, y para que restituyas los asolamientos de Israel; también te di por luz de los gentiles, para que seas mi salud hasta lo postrero de la tierra.