Tenía yo nobles ambiciones. Aunque luchando con un carácter excesivamente apocado y retraído, aspiraba a ser algo, a emerger briosamente del plano de la mediocridad, a vindicar (si ello era posible) a mi patria y, dentro de mi modesta esfera, del juicio severo, tantas veces repetido por nacionales y extranjeros, de no haber colaborado en la obra magna del conocimiento científico. Y firme en este anhelo patriótico —que todos mis compañeros estimaban pura locura, cuando no pretensión petulante—, trabajé por alcanzar el modesto pasar y el ocio tranquilo indispensables para mis ambiciosos proyectos. Esta aurea mediocritas cifrábase entonces para mí en la honrosa toga del maestro.

En el próximo volumen referiremos las batallas que mi candor e inexperiencia hubieron de librar hasta alcanzar el ansiado sillón de catedrático; y cómo, logrados al fin el vagar y sosiego necesarios a las tareas del Laboratorio, un pobre médico valetudinario, nada simpático y de carácter huraño y brusco, sin maestros ni protectores, vino a ser, andando el tiempo, investigador laborioso y estimado de los sabios extranjeros.

FIN DEL TOMO PRIMERO


ÍNDICE


Págs.
[Advertencia al lector].[III]
[Capítulo I].— Mis padres, el lugar de mi nacimiento y mi primera infancia.[1]
[Capítulo II].— Excursión tardía a mi pueblo natal. — La pobreza de mis paisanos. — Un pueblo pobre y aislado que parece símbolo de España.[7]
[Capítulo III].— Mi primera infancia. — Vocación docente de mi padre. — Mi carácter y tendencias. — Admiración por la naturaleza y pasión por los pájaros.[17]
[Capítulo IV].— Mi estancia en Valpalmas. — Los tres acontecimientos decisivos de mi niñez: los festejos destinados a celebrar nuestras victorias de África, la caída de un rayo en la escuela y el eclipse de sol del año 60.[25]
[Capítulo V].— Ayerbe. — Juegos y travesuras de la infancia. — Instintos guerreros y artísticos. — Mis primeras nociones experimentales sobre óptica, balística y el arte de la guerra.[37]
[Capítulo VI].— Desarrollo de mis instintos artísticos. — Dictamen de un revocador sobre mis aptitudes. — ¡Adiós mis ensueños de artista! — Utilitarismo e idealismo. — Decide mi padre hacerme estudiar para médico y enviarme a Jaca.[49]
[Capítulo VII].— Mi traslación a Jaca. — Las pintorescas orillas del Gállego. — Mi tío Juan y el régimen vegetariano. — El latín y los dómines. — Empeño vano de los frailes en domarme. — Retorno a los devaneos artísticos.[65]
[Capítulo VIII].— El padre Jacinto, mi dómine de latín. — Cartagineses y romanos. — El régimen del terror. — Mi aversión al estudio. — Exaltación de mi fiebre artística y romántica. — El río Aragón, símbolo de un pueblo.[73]
[Capítulo IX].— Continúan mis distracciones. — Los encierros y ayunos. — Expedientes usados para escaparme. — Mis exámenes. — Retorno a Ayerbe y vuelta a las andadas.[85]
[Capítulo X].— Mi regreso a Ayerbe. — Nuevas hazañas bélicas. — El cañón de madera. — Tres días de cárcel. — El mosquete simbólico.[91]
[Capítulo XI].— Dispone mi padre llevarme a Huesca a continuar mis estudios. — Exploración de la ciudad. — La catedral, San Pedro, San Jorge y Monte-Aragón. — Nuestros profesores.[99]
[Capítulo XII].— Mis nuevos compañeros de algaradas. — Reyertas estudiantiles. — Graves consecuencias de llevar gabán largo. — Accidente en un estanque. — La religión del color y diccionario cromático. — No hay rosas sin espinas.[111]
[Capítulo XIII].— Las vacaciones. — Pinturas fúnebres. — Descubrimiento de una biblioteca de novelas. — Se recrudece mi furor romántico. — El Robinsón y el Quijote.[127]
[Capítulo XIV].— En crescendo mis distracciones y calaveradas, mi padre me acomoda de aprendiz en una barbería. — Mi hermano Pedro. — El Sr. Acisclo. — Majos y conspiradores. — Las pedreas. — Escaramuza con la fuerza pública. — El placer de los dioses. — Alarma del público con ocasión de las pedreas.[139]
[Capítulo XV].— Inquina de mi catedrático de griego. — Decide mi padre escarmentarme convirtiéndome en aprendiz de zapatero. — Mis proezas en obra prima. — El ataque de Linás. — Consideraciones en torno de la muerte.[153]
[Capítulo XVI].— Vuelta al estudio. — Matricúlome en dibujo. — Mis profesores de Retórica y Psicología. — Impresión causada por las enseñanzas filosóficas. — Una travesura desdichada. — En busca de aventuras.[169]
[Capítulo XVII].— Dos inventos que me causaron indecible asombro: el ferrocarril y la fotografía. — Mi iniciación en los estudios anatómicos. — Saqueo macabro. — La memoria de las cosas y la de los libros. — La aurora del amor.[181]
[Capítulo XVIII].— Revolución de Septiembre en Ayerbe. — Ruptura de las campanas. — El odio del pueblo a los guardas rurales. — Mis profesores de Física, Matemáticas, etc. — Ulteriormente me reconcilio con la Geometría y el Álgebra, aunque algo tarde. — Concluyo el bachillerato.[197]
[Capítulo XIX].— Comienzo en Zaragoza la carrera médica. — El Ebro y sus alamedas. — Mis profesores del preparatorio: Ballarín, Guallart y Solano. — Cobro afición a la disección bajo la dirección docente de mi padre.[213]
[Capítulo XX].— Mis catedráticos de Medicina. — D. Manuel Daina y el premio de Anatomía topográfica. — Un singular procedimiento de examen. — Nuestro decano, D. Genaro Casas. — Mis petulancias polémicas. — Notas breves acerca de algunos profesores y ciertos incidentes ocurridos en sus clases.[227]
[Capítulo XXI].— Continúo mis estudios sin grandes mortificaciones. — Mis manías literaria, gimnástica y filosófica. — Proezas musculares. — La Venus de Milo. — Un desafío a trompada limpia. — Amores quijotescos.[239]
[Capítulo XXII].— Recién Licenciado en Medicina, ingreso en el Cuerpo de Sanidad Militar. — Mi incorporación al ejército de operaciones contra los carlistas. — El españolismo de los catalanes. — Mi traslación al ejército expedicionario de Cuba. — Coloquio entre dos camaradas ávidos de aventuras exóticas. — Mi embarque en Cádiz con rumbo a la Habana.[255]
[Capítulo XXIII].— Llegada a la Habana. — Soy destinado al hospital de campaña de «Vista Hermosa». — Enfermo, al poco tiempo, de paludismo. — Aprovecho mi forzada quietud para aprender el inglés. — Mi dolencia se agrava y se me concede licencia para convalecer en Puerto Príncipe. — Iniciada mi mejoría, soy destinado a la enfermería de San Isidro en la «Trocha del Este». — La vida en la Trocha. — Música a la luz de la luna. — Mis cándidos quijotismos me impulsan a corregir abusos administrativos, y sólo consigo que me empapele el jefe de la fuerza.[271]
[Capítulo XXIV].— Mis distracciones en San Isidro. — La danza de negros y el arpa del saboyano. — Se agrava mi enfermedad y se deniega mi solicitud de abandonar temporalmente la Trocha. — Pido mi licencia absoluta. — Gracias a la supresión de la Trocha, logro abandonar mi destino. — Un mes en el hospital de San Miguel.[297]
[Capítulo XXV].— Me traslado a la Habana, donde recaigo de mi dolencia. — Mi regreso en el vapor España. — Cadáveres de soldados arrojados al mar. — Tahures trasatlánticos. — El amor y el paludismo. — Vuelta al estudio de la Anatomía.[305]

ÍNDICE DE FIGURAS