Hoy, transcurridos dieciocho años, me sorprendo un poco de mis arrogancias de entonces. Engolfado hasta la preocupación en estudios de índole analítica, mi cultura psicológica y literaria dejaba harto que desear. Había leído poco o nada de los admirables educadores ingleses y franceses. Mi documentación era, pues, demasiado deficiente para dar cima a la empresa acometida. Si hoy debiera repensar y redactar este libro, adoptaría de seguro plan, tendencia y estilo diferentes.

Pero carezco del vagar necesario para refundir por completo el viejo texto. En la edición actual me he limitado, por consiguiente, a sanearlo un poco, abreviando digresiones, condensando o descartando desahogos líricos y filosóficos asaz inoportunos, y limando el estilo sin tocar esencialmente a lo fundamental del relato.

En algunos capítulos aparecen adiciones introducidas con la doble intención de hacer menos ingrata la lectura y de mitigar en lo posible las monótonas descripciones de travesuras estudiantiles, en el fondo bastante vulgares y corrientes. Se han multiplicado también los grabados.

A pesar de las referidas correcciones y adiciones, el contenido del primer volumen de los Recuerdos dista mucho de ser comparable, a los fines educativos, con la materia del segundo. Poco me falta hoy para pensar que su valor pedagógico es francamente negativo.

Mas considerando que el indulgente lector ha agotado una primera edición, sin contar las aparecidas en dos Revistas literarias[1], me animo a sacar a luz esta segunda, confiando en que el público la acogerá con igual bondadoso interés que la anterior.

Madrid, Junio de 1917.


CAPÍTULO PRIMERO

Mis padres, el lugar de mi nacimiento y mi primera infancia.