En la extensa monografía[224] consagrada al referido argumento hago constar que, bajo la influencia del virus rábico, las células nerviosas de los ganglios, médula, bulbo, cerebelo, cerebro, etc., del conejo, cavia, perro, etc., pasan por las siguientes fases: a) aproximación de las neurofibrillas, que se disponen en haces apretados, dejando libres grandes espacios; b) desaparición de los filamentos secundarios y fusión de los haces en cordones macizos, sucesivamente más gruesos y menos numerosos; c) en fin, vacuolización del protoplasma, lateralización del núcleo, formación de nuevas dendritas (estado irritativo del retículo), multiplicación de los corpúsculos satélites, alteración varicosa y destrucción de los axones, transformación de los nidos nerviosos (cerebelo, médula, etcétera) (fig. 109).
Las citadas alteraciones del retículo se consideran como una reacción de este órgano celular bajo el estímulo de las toxinas lísicas, reacción comparable á la desarrollada por el retículo de los reptiles sometido á la acción del frío.
En fin, considerando la precocidad de dicha alteración neurofibrillar, la constancia absoluta de su presentación en la rabia y su ausencia en otras enfermedades infecciosas, se estima la susodicha hipertrofia neurofibrillar como un seguro signo diagnóstico de la hidrofobia del hombre y animales. (Confirmado por Marinesco, que estimó la mencionada lesión como excelente medio de diagnosticar la rabia).
12. En fin, citemos aún, para completar la serie de los trabajos de 1904, una investigación sobre las neurofibrillas de la retina[225], de que se publicó traducción alemana[226], y otra indagación, de igual carácter, acerca de los ganglios de la lombriz de tierra[227].
En este último trabajo se exponen dos métodos de impregnación aplicables al estudio de los ganglios del Lumbricus. El primero, simple modificación del proceder del nitrato de plata reducido (fijación en formol solo ó con amoníaco), impregna exclusivamente la trama neuróglica de los invertebrados, de que se da sucinta descripción. El segundo proceder, combinación de la impregnación argéntica y áurica, tiñe de violeta ó rojo las neurofibrillas, que se presentan dispuestas en redes tupidas, extendidas por todo el protoplasma, reproduciendo en principio la disposición del armazón neurofibrillar de los vertebrados, etc.
No sería completo el inventario de la labor de 1904 si no recordara que, en dicho año, dí feliz acabamiento á mi obra magna en tres volúmenes, titulada: Histología del sistema nervioso del hombre y de los vertebrados. (Madrid, 1899 á 1904)[228]. De la cantidad de trabajo puesto en ella, durante los cinco años que duró la impresión, darán idea sus 1.800 páginas de texto en 4.º mayor y sus 887 grabados originales, casi todos de gran tamaño. Comprenderá el lector, que al redactar tan voluminoso libro, donde se resumía y completaba una obstinada labor de quince años, antes busqué honra que provecho. Y sin pecar de inmodesto ó petulante, puedo decir que no erraron mis cálculos. Hay trabajos para los cuales no existe más galardón que el sentimiento de la propia estima y la aprobación de los doctos. En aquella ocasión, mis esfuerzos y desvelos alcanzaron la única recompensa á que yo aspiraba: los elogios respetuosos de la crítica y los lisonjeros juicios de los sabios más prestigiosos.
Escrito en lengua poco conocida de los sabios, y presupuesto el carácter original y abundancia de pormenores descriptivos, mi libro fué honrado con varias solicitudes de traducción. Entre ellas, recuerdo la que fuéme dirigida por la casa J. A. Barth, de Leipzig, y la formulada por la casa A. Maloine, de París. Al fin, accedí á una versión francesa, á cargo de mi amigo el Dr. Léon Azoulay, versión que por haber visto la luz en 1911, debe estimarse cual obra nueva[229], ya que en ella incluí todo el fruto de las investigaciones realizadas hasta dicha fecha.
Lo he dicho en otra parte y me complazco en repetirlo, seguro de que el lector benévolo disculpará mis debilidades. El objeto de mi obra fué, desde luego, crearme permanente estímulo para el trabajo intensivo; en previsión de posibles horas de desaliento y de fatiga, quise atar deliberadamente mi voluntad mediante formal compromiso de honor contraído con el público. Respondió, además, el citado libro á un egoísmo harto humano para ser inexcusable: temeroso del olvido y poco seguro de dejar continuadores capaces de recordar y defender ante los extraños mis modestas adquisiciones científicas, tuve empeño en reunir en un todo orgánico las monografías neurológicas publicadas durante tres lustros en Revistas nacionales y extranjeras, amén de rellenar, con nuevas indagaciones, los puntos antes no tratados. Pero, ante todo y sobre todo, deseaba que mi libro fuera —y perdónese el orgullo— el trofeo puesto á los pies de la decaída ciencia nacional y la ofrenda de fervoroso amor rendida por un español á su menospreciado país!...
Fig. 110.—Célula sensitiva humana con dendritas nacientes.
Durante el año 1905, mi actividad tuvo por cauce principal la arquitectura de los ganglios sensitivos y simpáticos del hombre adulto y de algunos mamíferos de gran talla. Hasta entonces, los dos métodos reveladores de la morfología de las neuronas gangliónicas, es decir, el de Golgi y el de Ehrlich, apenas se habían aplicado al hombre plenamente desarrollado. Por tanto, las descripciones clásicas de Golgi, Ehrlich, de Retzius, Dogiel, etc., aludían casi exclusivamente á embriones ó mamíferos jóvenes y de pequeño volumen (ratón, conejo, gato, etc., entre los mamíferos; el pollo, entre las aves). Y al considerar las grandes mudanzas sufridas por todos los centros nerviosos en su tránsito de la fase fetal al estado de plena madurez, preguntábase uno si durante el desarrollo post-fetal no habrían acaso los ganglios sensitivos y simpáticos humanos experimentado mutaciones estructurales de importancia. Mas para esclarecer este punto, la técnica histológica anterior á 1903 no ofrecía ningún recurso seguro y eficaz.
Esta laguna metodológica fué felizmente colmada por la nueva fórmula de impregnación, la cual posee la inestimable ventaja de colorear intensamente las células sensitivas y simpáticas del hombre adulto, aun en cadáveres poco frescos.