Fig. 159a.—Borde proximal de una herida transversal del cerebro de gato de un mes, sacrificado veintiuna horas después de la operación.— A, zona viva ó de reacción; B, zona de corrosión; C, zona de las fibras conservadas; D, exudado de la herida; a, maza de refracción; b, punta de corrosión de una fibra conservada y unida todavía á un axon sano; d, puntas flotantes de fibras conservadas.

En la figura 159a, d, presentamos los bordes de una herida cerebral cruzados por numerosas fibras conservadas. Repárese cómo ninguna de ellas ofrece bola de retracción; al revés de los axones vivaces, los cuales, situados á mayor profundidad, van todos provistos de varicosidades de trayecto y maza terminal (a).

9. Por lo que hace á las metamorfosis patológicas y actos regenerativos sobrevenidos en los ganglios sensitivos, dí á luz dos trabajos de investigación: uno referente á los ganglios transplantados[272] y otro (en 1913) tocante á los fenómenos reaccionales en ellos sobrevenidos consecutivamente al arrancamiento á distancia de los nervios correspondientes.

Nuestros estudios sobre el fecundo tema de la injertación de los ganglios sensitivos, confirmaron, desde luego, los bellísimos y transcendentales experimentos de Nageotte acerca de la metamorfosis de las neuronas neuropolares en multipolares, amén de la aparición de nidos nerviosos, la necrosis celular del centro gangliónico seguida de la formación de nódulos residuales, etc., añadiendo las siguientes observaciones:

a) Si en vez de transplantar ganglios grandes jóvenes bajo la piel de un animal adulto, según hacían Nageotte, Marinesco, Rossi, Dustin, etc. (homotransplantación), se injertan pequeñísimos ganglios (los terminales de la cola de caballo) de mamíferos recién nacidos bajo la piel de animales hermanos (homocronotransplantación) el número de células nerviosas supervivientes es mucho mayor, salvándose hasta las habitantes en el centro ganglionar, incluyendo sus axones. De ordinario, en los experimentos de Nageotte estas prolongaciones aparecen necrosadas. Adviértese también que los fenómenos de creación y proyección de nuevos apéndices alcanzan inusitada energía (fig. 159b).

Fig. 159b.—Trozo de un pequeño ganglio transplantado.— A, nervio de nueva formación que cruza la cápsula ganglionar (B) é invade el tejido conectivo del huésped; C, E, ramas neoformadas que trazan revueltas en la cápsula; G, H, neuronas muertas; F, apéndice dirigido al interior del ganglio.

b) Según notamos en la figura 159b, A, la pujanza de crecimiento y progresión de los citados brotes es tal, que á menudo barrenan la cápsula fibrosa del ganglio injertado. Reunidos en manojos, que son verdaderos nerviecitos, y traspasada la barrera capsular, los citados retoños, solicitados sin duda por las substancias neurotrópicas del tejido cicatricial circunvecino, se derraman en la trama conectiva del huésped, marchando en desorden, como en busca de los desaparecidos territorios terminales (fig. 159b, D).

c) De parecida manera se conducen los axones subsistentes de las raíces gangliónicas. Gracias á la pequeñez del injerto consérvanse vivaces casi todos ellos y generan, principalmente del lado de la rama periférica, nerviecitos aberrantes que se pierden en los territorios vecinos del animal receptor.

10. Mis experimentos de arrancamiento de los nervios[273] por fuera y á distancia de los ganglios sensitivos, revelaron un hecho de cierto interés, á saber: que es posible provocar en las neuronas gangliónicas, por simple conmoción ó vibración mecánica, todos los curiosos fenómenos de metamorfosis del soma y producción de retoños observados por Nageotte en los ganglios injertados (creación de apéndices, formación de nidos pericelulares y de células desgarradas y lobuladas, aparición de nódulos residuales, etc.).

Cuando el arrancamiento recae en las raíces motrices, en paraje alejado de la médula espinal, promuévese, entre otros efectos, ya señalados por Sala y Cortese (que trabajaron también con mi técnica), la formación de numerosos retoños, muchos de los cuales, retrogradando en el interior de la raíz, penetran en la médula espinal, inundando de ramas nerviosas el territorio del cordón antero-lateral.