Debo ahora terminar. Lo exige la impaciencia del lector; lo impone mi fatiga.

He procurado que mi vida sea en lo posible, conforme al consejo del filósofo, poema vivo de acción intensa y de heroísmo callado, en pro de la cultura de mi país. Pobre es mi obra, pero ha sido todo lo extensa y original que mis escasos talentos consintieron. Para juzgarla con algún conocimiento de causa, bastará recordar lo que era la histología hispana cuando yo empecé tímidamente en 1880 y lo que representa en la actualidad. Lejos estoy —lo he dicho ya—, de excluir otras valiosas colaboraciones: séame empero permitido pensar que mi obstinada labor ha entrado por algo en el actual renacimiento biológico de mi país.

Doy por seguro y hasta por conveniente que en el fluir del tiempo, mi insignificante personalidad será olvidada; con ella naufragarán, sin duda, muchas de mis ideas. Nada puede substraerse á esta inexorable ley de la vida y menos los trabajadores humildes. Contra todas las alegaciones del amor propio, los hechos vinculados inicialmente á un nombre acabarán por ser anónimos, perdiéndose para siempre en el nirvana de la Ciencia Universal. Por consiguiente, la monografía, impregnada todavía del aroma humano, se incorporará, depurada de sentimentalismos, en la doctrina abstracta del libro de conjunto. Al sol caliente de la actualidad sucederá —si sucede— la fría claror de la historia erudita...

Mas no tengo el derecho de afligir al lector con reflexiones melancólicas. No pensemos en cosas tristes. Preocupémonos de la vida, que es energía, renovación y progreso. Y continuemos trabajando. Sólo la acción intensa en pro de la verdad justifica el vivir y consuela del dolor y de la injusticia. Sólo ella posee la rara virtud de convertir al obscuro parásito social en héroe de leyenda.

Y cultivemos —repito— nuestro jardín, cumpliendo en lo posible con el doble y austero deber de hombres y de patriotas. Para el biólogo, el ideal supremo consiste en resolver el enigma del propio yo, contribuyendo á esclarecer al mismo tiempo el formidable misterio que nos rodea. No importa que nuestra labor sea prematura é incompleta; de pasada, y en tanto alborea el ansiado ideal, el mundo se dulcificará gradualmente para el hombre. La naturaleza nos es hostil porque no la conocemos: sus crueldades representan la venganza contra nuestra indiferencia. Escuchar sus latidos íntimos con el fervor de apasionada curiosidad, equivale á descifrar sus secretos: es convertir la iracunda madrastra en tiernísima madre.

¿En qué más noble y humanitaria empresa cabe emplear la inteligencia?...


LISTA DE LOS LIBROS Y FOLLETOS CIENTÍFICOS DEL AUTOR