[78] Retzius: Ueber der neuen Prinzipien in der Gebiete der Nervenhistologie. Biol. Unters. Bd. IV, 1892.
Idem: Die Cajal’schen Zellen der Grosshirnrinde beim Menschen und bei Säugethieren. Biol. Unters. Bd. V, 1893.
Idem: Zur Kenntnis der ersten Entwicklung der nervösen Elemente im Rückenmarke der Hühnschens. Biol. Unters. Bd. V, 1893.
Idem: Die nervösen Elemente im Rückenmarke der Knochenfische, etc. Biol. Unters. N. F. Bd. V, 1893.
[79] Así me lo comunicó en amable carta del 25 de Junio de 1891. «He expuesto —me dice— á menudo en nuestras sociedades científicas y académicas sus bellos descubrimientos, y últimamente ha sido usted proclamado miembro de nuestra Academia de Medicina, etc.»
[80] Lenhossék: Die sensiblen Nerven des Regenwurms. Verlauf. Mitteilung. Basel. Oktober, 1891.
Idem: Ursprung, Verlauf und Endigung der sensiblen Nervenfasern bei Lumbricus. Arch. f. mikros. Anat. Bd. XXXIX, 1892.
Idem: Neuere Forschungen ueber den feineren Bau der Nervensystems. Correspondenzblatt f. Schweizer Ärzte. Jahrg. 21, 1891.
[81] Idem: Der feinere Bau der Nervensystems im Lichte neuester Forschungen. Fortschrift. d. Med. Bd. X, 1892. En fascículo separado apareció en 1893. La edición de 1894 es mucho más extensa é importante.
[82] Es altamente consolador el ver cómo saben cambiar de opinión ciertos nobles y honrados caracteres. El insigne v. Lenhossék, tan reservado al principio, escribióme en 1890 frases que, aun descontadas las usuales exageraciones de la cortesía, resultáronme muy gratas y alentadoras. «Sus reiterados y sobresalientes descubrimientos —me decía en carta que conservo— prodúcenme gran admiración por su genio. Considero sus hallazgos como las conquistas más importantes realizadas desde hace diez años en el dominio de la Anatomía microscópica. También los profesores His y Kölliker, con quienes he conversado largamente hace poco en Basilea, y otros varios colegas participan de este juicio mío. Siento en el alma no haber comprendido antes toda la importancia de los trabajos de usted, y haber mostrado acerca de ellos un escepticismo injustificado, que espero habrá usted sabido olvidar.» Por desgracia —lo he dicho ya— los hombres de este temple moral abundan poco entre los sabios.