Los camaradas del Gaster-Club fotografiados en las ruinas del teatro romano de Sagunto: 1, Arévalo; 2, Paco el Cocinero; 3, Gaspar; 4, Cajal; 5, P. Solís; 6, Rodrigo; 7, N. Loras; 10, Chiarri; 11, Nogueroles, etc.
Por amor á la Comunidad, sometiéronse los socios á la más exquisita división del trabajo. Arévalo Vaca tomó sobre sí la misión de adiestrarnos en el conocimiento práctico de la geología y fauna de los terrenos visitados; Guillén, futuro Director del Jardín Botánico, quedó encargado de lo concerniente á la flora; tocóme el doble papel de cronista y fotógrafo de las excursiones; el amigo Marsal, profesor de Matemáticas, recibió el delicado encargo de administrar los fondos de la Sociedad y de fijar á prorrateo los gastos de cada gira, cosa á veces difícil porque solíamos sumar un número primo y él tenía la preocupación, muy natural, de obtener dividendos enteros y exactos; un simpático empleado de ferrocarriles[28], fué encargado de la locomoción, corriendo de su parte el alquiler de caballerías y la obtención de billetes de ferrocarril á bajo precio, con tarifas de alivio destinadas á murgas aldeanas ó á farándulas trashumantes; en fin, un confitero retirado y rico, águila en el arte culinario, dirigía á conciencia la confección de las paellas y elaboración de postres.
Y así, de paella en paella, y siempre en amena y cordial compañía, visitamos todos los rincones atrayentes de la comarca levantina. Sagunto, Castellón, Játiva, Sueca, Cullera, el Desierto de las Palmas, Burjasot, La Albufera, Gandía, las sierras del Monduber y Espadán, etc., desfilaron sucesivamente por el objetivo de mi Kodak, cuajando en pruebas que guardamos piadosamente, como recuerdos de añorada juventud, los pocos supervivientes de aquella generación. Como homenaje cordial á los excelentes camaradas desaparecidos para siempre, reproducimos aquí varias fotografías entresacadas de las numerosísimas conservadas en el Álbum del famoso Gaster-Club.
En cuanto á la otra distracción aludida, tuvo sabor más científico, y consistió en la confirmación experimental y en grande escala de los celebérrimos estudios acerca del sonambulismo artificial y fenómenos de sugestión, efectuados en Francia por Charcot, Liébeault, Bernheim, Beaunis, etcétera. Estas investigaciones de psicología mórbida, emprendidas en el extranjero por sabios famosos habituados á las observaciones exactas, tuvieron inmensa resonancia. Merced á ellas, recibieron al fin carta de naturaleza en la ciencia muchos de los estupendos milagros narrados por Mesmer y exhibidos aparatosamente por los magnetizadores de teatro. Una ciencia nueva, heredera directa de la hechicería medioeval, había aparecido. De ella transcendía algo acremente pecaminoso é irresistiblemente tentador para la juventud novelera. Preciso es convenir que, á despecho de tres siglos de ciencia positiva, la afición á lo maravilloso tiene todavía honda raigambre en el espíritu humano. Somos aún demasiado supersticiosos. Miles de años de fe ciega en lo sobrenatural, parecen haber creado en el cerebro algo así como un ganglio religioso. Desaparecido casi enteramente en algunas personas, y caído en atrofia en otras, persiste pujante en las más. Por esprit fort que se sea, ¿quién no ha oído sonar alguna vez aquellas místicas campanas de Is de que habla Renan, ó sentido rebrotar lozana la creencia en genios, duendes y aparecidos?
Por esta vez, sin embargo, no se trataba de manifestaciones sobrenaturales, sino de sorprendentes y harto descuidadas actividades, ó si se quiere anomalías del dinamismo cerebral.
Para estudiarlas metódicamente, varios amigos, algunos de ellos tertulianos del Casino de la Agricultura, organizamos un Comité de investigaciones psicológicas. É inauguramos nuestras pesquisas por la busca y captura de sujetos idóneos. Por mi casa, convertida al efecto en domicilio social, desfilaron especies notabilísimas de histéricas, neurasténicos, maníacos y hasta de acreditados mediums espiritistas. En breve tiempo recogimos copiosa colección de interesantes documentos. Llenos de asombro, hubimos á confirmar casi todos los estupendos fenómenos descritos por los sabios, singularmente los señalados por Bernheim, de Nancy. Ocioso fuera citar menudamente los resultados obtenidos. Carecen de novedad é interés, y más hoy, después de la publicación de tantos Tratados magistrales relativos á este orden de estudios.
Mencionaré, solamente, los experimentos de hipnosis producidos en las personas sanas y al parecer limpias de toda tara neurótica (algunos de ellos, abogados, médicos, etc.). Sobrevenido el grado de sopor y de pasibilidad indispensables, producíanse á la orden del hipnotizador, y tanto durante el sueño como después de despertarse, la catalepsia cérea y la analgesia; congestiones y hemorragias por sugestión; alucinaciones positivas y negativas de todo linaje (visuales, acústicas, táctiles); amnesia total ó parcial; evocación de imágenes olvidadas ó casi olvidadas; desdoblamiento de la personalidad; eclipse ó inversión de los sentimientos más arraigados; y en fin, abolición total del libre albedrío, es decir, de la facultad crítica y de la selección motivada de las reacciones motrices. Hasta los actos más repugnantes al carácter ó los más contrarios á la moral y á la decencia, eran fatal y necesariamente ejecutados. Sujeto hubo que ajustó estrictamente su vida, durante una semana, á un programa especial lleno de acciones extravagantes é ilógicas, sugerido durante el estado somnambúlico.
Y llevando la sugestión al terreno terapéutico, conseguí realizar prodigios que envidiaría el más hábil de los taumaturgos. Mencionaré: la transformación radical del estado emocional de los enfermos (paso casi instantáneo de la tristeza á la alegría); la restauración del apetito en histeroepilépticas inapetentes y emaciadísimas; la curación, por simple mandato, de diversas especies de parálisis crónicas de naturaleza histérica; la cesación brusca de ataques de histerismo con pérdida del conocimiento; el olvido radical de acontecimientos dolorosos y atormentadores; la abolición completa de los dolores del parto en mujeres normales[29]; en fin, la anestesia quirúrgica, etc.
La fama de ciertas curas milagrosas recaídas en histéricas y neurasténicos, divulgóse rápidamente por la ciudad. Á mi consulta acudían enjambres de desequilibrados y hasta de locos de atar. Ocasión propicia hubiera sido aquella para crearme pingüe clientela, si mi carácter y mis gustos lo hubieran consentido. Pero, satisfecha mi curiosidad, licencié á mis enfermos, á quienes, naturalmente, no solía pasar la nota de honorarios: harto pagado quedaba con que se prestaran dócilmente á mis experimentos.