Con D. Alejandro San Martín, el afamado cirujano, uniéronme estrechos lazos de afecto y de grata intimidad. Nos veíamos casi diariamente en la famosa peña del Suizo (de ella hablaré más adelante), cuya presidencia ocupaba por el doble fuero de la antigüedad y del talento.
Fué San Martín uno de los hombres más cultos, simpáticos y mejor educados que he conocido. Yo aprendí mucho con su conversación. Acaso por el contraste de nuestros caracteres hicimos siempre buenas migas. Á la ruda franqueza de mis juicios, oponía San Martín la ironía, el eufemismo y los temperamentos diplomáticos. «Me encantan los métodos jesuíticos», decíame una vez ex abundantia cordis. En su léxico faltaban vocablos tan corrientes, y á veces tan necesarios, como «ignorante, grosero, pedante, etcétera». Juzgando la picardía política ó la farsa científica, extremaba á veces tanto, acaso irónicamente, el suaviter in modo...; ponía en sus comentarios personales tales distingos y atenuaciones, que me impacientaba y casi me irritaba.
Pero si en nuestras amistosas discusiones salía yo perdiendo, en el intercambio de ideas y sentimientos ganaba siempre. Merced á sus consejos y sobre todo á la habilidad y discreción de su conducta, conseguí atenuar un tanto esa desagradable é incivil inclinación á decir toda la verdad y á indignarme demasiado contra la injusticia. Confieso que en este punto, y no obstante las lecciones de la experiencia, hállome todavía muy lejos de la perfección.
Temperamento reflexivo y laborioso, San Martín fué toda su vida infatigable estudiante. Como decía su condiscípulo el Dr. Cortezo, «D. Alejandro no fué nunca joven». En su lenguaje algo paradójico, lo reconocía él mismo, al decirnos: «Yo tuve la desgracia de ser modelo de alumnos sumisos y aplicados; no puede pedírseme, pues, nada extraordinario.»
Adoraba la música, á la que consagraba casi todos sus ocios. Y, como la mayoría de los talentos de tipo auditivo, San Martín era orador, pero orador discursivo, vigoroso, lleno de recursos polémicos y de imágenes felices y pintorescas. Á su verbo afluente sólo perjudicaba cierto ligero titubeo en la pronunciación y algo de esa lentitud expositiva de que adoleció también Letamendi, nacida del empeño en hallar la frase justa y el argumento que, hiriendo á fondo el corazón del asunto, pasa rozando el corazón del adversario. En los corps à corps, su palabra tornábase singularmente ágil é intencionada. Acordándose, sin duda, del propio oficio, el escalpelo crítico se le convertía en bisturí. Pero ni aun en los transportes de la pasión olvidaba las buenas formas. Rajaba, inclemente, al adversario, mas adormeciéndole siempre con el cloroformo de la cortesía y del halago.
Las vacilaciones del cirujano de San Carlos como filósofo (en el fondo era kantiano y algo escéptico), como político y hasta como científico, fueron objeto de censuras entre compañeros poco dados á estudiar caracteres complejos. Á mí, las fluctuaciones de D. Alejandro me lo hacían particularmente simpático. Revelaban estudio reflexivo y honradez de pensamiento. No duda el que quiere, sino el que puede. Sólo las cabezas sencillas, ó las ayunas de curiosidad filosófica ó científica, gozan del reposo y la fe. Al modo del aire en las cordilleras, en los espíritus elevados el pensamiento está en perpetua inquietud. Sabido es que, cuando se medita demasiado, la acción se vuelve tarda y premiosa; porque, antes de resolver, la razón debe recorrer largas vías asociativas, dar audiencia, según la frase de Bismarck, á numerosos pensamientos.
Como Letamendi, y en más recientes tiempos el asombroso Unamuno, D. Alejandro gustaba mucho de la paradoja, una de las características del talento vasco, según Sánchez Moguel. Lejos estoy de censurar esta tendencia de ciertos espíritus selectos. Prescindiendo de su contenido ideal y ciñéndonos á sus efectos inmediatos, la paradoja representa un despertador mental de primer orden. Al choque de lo insólito, de lo inopinado, el sentido crítico, apoltronado por las rutinas de la diaria labor, reacciona vivamente. Y revélase en cada contradictor lo más íntimo, vivo y personal de la máquina nerviosa: la imaginación constructiva. Y el hombre pensante aparece. Porque, en realidad, los hombres sólo se nos revelan plenamente cuando les constreñimos á forjar bien ó mal una idea nueva ó un juicio improvisado; cuando, sorprendidos por la violencia anárquica de la paradoja, se ven desamparados de los andadores del sentido común y del comodín de las opiniones hechas, y deben construir en caliente y sobre la marcha una hipótesis personal.
Tal me pareció ser la intención de las paradojas de don Alejandro. Estoy persuadido de que no creía en muchas de las que con tanto calor defendía; constituían, por punto general, ingenioso ardid destinado á prestar viveza y amenidad á los coloquios del café, y nobleza y animación á las controversias académicas.
Por lo demás, San Martín fué un catedrático eminente y celoso, que ha dejado aventajados discípulos. De sus admirables dotes de investigador y maestro quedan testimonios elocuentes en numerosas monografías y folletos, amén de varios libros de texto. Entre sus trabajos de laboratorio descuellan, por la elegante originalidad del pensamiento, los experimentos de anastomosis arterio-venosa, encaminados á restaurar la circulación interrumpida en casos de aneurisma, trombus ó ateroma. Sentía verdadera pasión por nuestro renacimiento intelectual, y, por encima de todo, vibraba en él un patriotismo ardiente y de bonísima ley. Su conocimiento de varias lenguas europeas, permitíale renovarse de continuo, á cuyo fin, durante las vacaciones, visitaba los grandes focos científicos del extranjero.
Por sus aptitudes para la política (figuraba en el partido liberal acaudillado por Moret) y su excelente preparación en materias pedagógicas, D. Alejandro San Martín alcanzó la cartera de Ministro de Instrucción pública. Según referiré más adelante, las circunstancias me permitieron contribuir algo á tan honrosa designación. Si la inestabilidad ministerial no fuera régimen normal de nuestra política, por seguro tengo que nuestro amigo habría desarrollado importantes iniciativas en materias docentes y corregido inveterados abusos.