Silvio, yo te aborrezco, y aun condeno
El que estés de esta suerte en mi sentido,
Que infama el hierro el escorpion herido,
Y mancha, á quien lo huella, inmundo el cieno.

Eres como el mortífero veneno
Que daña á quien lo vierte inadvertido;
Y, en fin, eres tan malo y fementido
Que aun para aborrecido no eres bueno.

Tu aspecto vil á mi memoria ofrezco,
Aunque con susto me lo contradice,
Por darme yo la pena que merezco;

Pues cuando considero lo que hice,
No solo á ti, corrida, te aborrezco,
Pero á mí, por el tiempo que te quise.

XXII.

Dices que yo te olvido, Celio, y mientes
En decir que me acuerdo de olvidarte,
Pues no hay en mi memoria alguna parte
En que, aun como olvidado, te presentes.

Mis pensamientos son tan diferentes
Y en todo tan ajenos de tratarte,
Que ni saben si pueden olvidarte,
Ni si te olvidan saben si lo sientes.

Si tù fueras capaz de ser querido,
Fueras capaz de olvido, y ya era gloria
Al ménos la potencia de haber sido;

Mas tan léjos estás de esa victoria,
Que aqueste no acordarme, no es olvido,
Sino una negacion de la memoria.