D. Ped.—Tened, que no habeis de iros,
Ni es bien que yo lo consienta,
Porque á vuestro padre he dicho
Que estais aquí, y así es fuerza
En cualquiera tiempo darle
De vuestra persona cuenta.
Que cuando vos no querais
Casaros, haciendo entrega
De vos quedaré bien puesto,
Viendo que la resistencia
De casarse, de mi parte
No está, sino de la vuestra.
Cast.—Don Pedro, vos sois un necio,
Y esta es ya mucha licencia
De querer vos impedir
A una mujer de mis prendas
Que salga á matar su hambre.
D. Ped.—[Ap.] ¡Posible es, cielos, que aquestas
Son palabras de Leonor!
Vive Dios, que pienso que ella
Se finge necia, por ver
Si con esto me despecha,
Y me dejo de casar.
¡Cielos! que así me aborrezca!
Y que conociendo aquesto
¿Esté mi pasion tan ciega
Que no pueda reducirse?
Bella Leonor, ¿qué aprovecha
El fingiros necia, cuando
Sé yo que sois tan discreta?
Pues ántes á enamorarme
Sirve mas la diligencia,
Viendo el primor y cordura
De saber fingiros necia.
Cast.—(Ap.) ¡Notable aprieto, por Dios!
Yo pienso que aquí mi fuerza....
Mejor es mudar de estilo
Para ver si así me deja.
Don Pedro, yo soy mujer
Que sé bien dónde me aprieta
El zapato, y pues he visto
Que dura vuestra fineza
A pesar de mis desaires,
Yo quiero dar una vuelta
Y mudarme al otro lado,
Siendo aquesta noche mesma
Vuestra esposa.
D. Ped.—¿Qué decis,
Señora?
Cast.—Que seré vuestra
Como dos y dos son cuatro.
D. Ped.—No lo digais tan á priesa,
No me mate la alegría,
Ya que no pudo la pena.
Cast.—Pues no, señor, no os murais
Por amor de Dios, siquiera
Hasta dejarme un muchacho
Para que herede la hacienda.
D. Ped.—¿Pues eso mirais, señora?
No sabeis que toda es vuestra?
Cast.—¡Válgame Dios! yo me entiendo:
Bueno será tener prendas.