[Váse Castaño y cierra don Pedro la puerta.]
D. Ped.—Encerrar quiero á Leonor
Por si acaso fué cautela
Haberme favorecido.
Yo la encierro por de fuera,
Porque si acaso lo finge
Se haga la burla ella mesma.
Yo me voy á averiguar
Quien fuese el que por mis puertas
Le dió entrada á mi enemigo,
Y por qué era la pendencia
Con Cárlos y el embozado.
Y pues ántes que los viera,
Los vió mi hermana y salió
Con ellos, saber es fuerza
Cuándo á reñir empezaron
Dónde ó cómo estaba ella.
(Váse don Pedro y sale don Rodrigo con Hernando)
D. Rod.—Esto, Hernando, he sabido,
Que don Diego está herido,
Y que lo hirió quien á Leonor llevaba,
Cuando en la calle estaba;
Por él la conoció y quitarla quiso,
Con que le fué preciso
Reñir, y la pendencia ya trabada,
El que á Leonor llevaba, una estocada
Le dió de que quedó casi difunto
Y luego al mismo punto
Cargado hasta su casa le llevaron,
Donde luego que entraron,
En sí volvió don Diego;
Pero advirtiendo luego
En los que le llevaron apiadados,
Conoció de don Pedro ser criados;
Porque sin duda, Hernando, fué el llevalle
Por escusar el ruido de la calle.
Mira qué bien viene esto que ha pasado,
Con lo que esta mañana me ha afirmado,
De que Leonor fué solo á ver su hermana,
Y que yo me detenga hasta mañana
Para ver si Leonor casarse quiere,
De donde bien se infiere
Que de no hacerlo trata,
Y que con estas largas lo dilata.
Mas yo vengo resuelto,
Que á esto á su casa he vuelto,
A apretarle de suerte
Que ha de casarse, ó le he de dar la muerte.
Her.—Harás muy bien, señor, que la dolencia
De honor se ha de curar con diligencia;
Porque el que lo dilata neciamente
Viene á quedarse enfermo eternamente.
(Sale don Cárlos con Leonor tapada)
D. Cár.—No teneis ya que temer,
Doña Ana hermosa, el peligro.
Dª. Leo. [Ap.]—¡Cielos! que me traiga Cárlos
Pensando [ah fiero enemigo!]
Que soy doña Ana? ¿Qué mas
Claros busco los indicios
De que la quiere?
D. Cár. (Ap.)—¿En qué empeño
Me he puesto, cielos divinos!
Que por librar á doña Ana
Dejo á Leonor en peligro.
¿A dónde podré llevarla
Para que pueda mi brio
Volver luego por Leonor?
Pero hácia aquí un hombre miro.
¿Quién va?
D. Rod.—¿Es don Cárlos?