¡Qué dieran los saltimbancos
Para poder agarrarme,
Y llevarme como monstruo
Por esos andurrïales

De Italia y Francia, que son
Amigas de novedades!
Y ¡qué pagaran por ver
La cabeza del gigante,

Diciendo: “Quien ver el fénix
Quisiere, dos cuartos pague,
Que lo muestra maese Pedro
En la posada de Jáques!

Aqueso no, no vereis
En este fénix, vergantes,
Que por eso está encerrado
Debajo de treinta llaves.

Y supuesto, caballero,
Que á costa de mil afanes
En la Invencion de la Cruz
Vos la del fénix hallásteis.

Por modo de privilegio
De inventor, quiero que nadie
Pueda, sin vuestra licencia,
A otra cosa compararme.

IV

A la condesa de Paredes, escusándose de enviarla un cuaderno de música.

Despues de estimar mi amor,
Excelsa, bella María,
El que en la divina vuestra
Conserveis memorias mias;