¿Podrá mi noble altivez
Consentir que mis acciones
De nieve y de fuego sirvan
A ser fábula del orbe?

Y yo doy que tanta dicha
Tenga, que todos lo ignoren;
Para pasar la vergüenza,
¿No basta que á mí me conste?

Que aquesto es razon me dicen
Los que la razon conocen;
Pues ¿cómo la razon puede
Forjarse de sinrazones?

¿Qué te costaba, hado impio,
Dar, al repartir tus dones,
O los méritos á Fabio,
O á Silvio las perfecciones?

Dicha y desdicha de entrambos,
La suerte les descompone,
Con que el uno su desdicha
Y el otro su dicha ignore.

¿Quién ha visto que tan varia
La fortuna se equivoque,
Y que el dichoso padezca
Porque el infelice goce?

No me conviene el ejemplo
Que en el Mongibelo ponen,
Que en él es natural gala,
Y en mí violencia disforme;

Y resistir el combate
De tan encontrados golpes
No cabe en lo sensitivo,
Y puede sufrirlo un monte.

¡Oh vil arte, cuyas reglas
Tanto á la razon se oponen;
Que para que se ejecuten
Es menester que se ignoren!

¿Qué hace en adorarme Silvio?
Cuando mas fino blasone
Quererme, ¿es mas que seguir
De su inclinacion el norte?