¿Y cuántas mas el discurso,
Por ostentarse discreto,
Acredita por de amor
Partos del entendimiento?
¿Cuántas veces hemos visto
Con disfraz de rendimientos
A la propia conveniencia,
O á la tema, ó al empeño?
Solo los celos ignoran
Fábricas de fingimientos,
Que como son locos tienen
Propiedad de verdaderos.
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Del frenético que fuera
De su natural acuerdo
Se despedaza, no hay quien
Juzgue que finge el estremo.
En prueba de esta verdad
Mírense cuantos ejemplos
En biblioteca de siglos
Guarda el archivo del tiempo.
A Dido fingió el troyano,
Mintió á Ariadna Teseo,
Ofendió á Mínos Pasífae,
Y engañaba á Marte Vénus;
Semíramis mató á Nino,
Elena deshonró al griego,
Jasson deshonró á Medea,
Y dejó á Olimpia Vireno;
Bersabé engañaba á Urias,
Dálila al caudillo hebreo,
Jael á Sisara horrible,
Judit á Holoférnes fiero.
Estos y otros que mostraban
Tener amor, sin tenerlo,
Todos fingieron amor,
Mas ninguno fingió celos;
Porque aquel puede fingirse
Con otro color; mas estos
Son la prueba del amor
Y la prueba de sí mesmos.
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Ellos solos se han con él
Como la causa y efecto:
¿Hay celos? luego hay amor.
¿Hay amor? luego habrá celos.
De la fiebre ardiente suya
Son el delirio mas cierto,
Que como están sin sentido
Publican lo mas secreto.
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Para tener celos basta
Solo el temor de tenerlos,
Que ya está sintiendo el daño
Quien está sintiendo el riesgo.
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Decir que este no es cuidado
Que llega á desasosiego,
Podrá decirlo la boca,
Mas no comprobarlo el pecho.
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Y aunque ellos en sí no pasen
El término de lo cuerdo,
¿Quién lo podrá persuadir
A quien los mira con miedo?