Antes enemiga siempre
Y á su dictámen opuesta,
Lo que ella desdeña, ampara,
Lo que ella ampara, desdeña.

Yo juzgo que lo hace adrede
Y no acaso, como piensan,
Y que tiene en hacer mal
Su poquito de advertencia;

Pues, al uso de las lindas,
Anda forjando soberbia
De méritos ultrajados
Los triunfos de su grandeza.

Ella es Fálaris de gustos,
Ella es Nerona de haciendas,
Y hace de abrasadas Romas
Luminarias en sus fiestas.

Mas no quiero murmurarla,
Que no es razon que se entienda
Que á quien debo un beneficio
Le pago con una ofensa.

En la suerte, en fin, señor,
Ella, como siempre ciega,
Por serme á mí favorable,
Anduvo con vos adversa:

Saliéronnos parecidas
Las suertes, de esta manera,
La vuestra como mi cara,
La mia como la vuestra.

No os ofendió en esto nada,
Pues ántes dispuso cuerda
Que á vista de un mal empleo
Resalten mas vuestras prendas:

No fuera el sol tan lucido
Si á su dorada madeja
Talvez por negras lazadas
No adornaran nubes densas;

No ostentara el monte altivo
Su robusta corpulencia,
Si la bajeza del valle
No exaltara su grandeza;