Mal se acreditan deidades
Con la paga, pues es cierto
Que á quien el servicio paga
No se debió el rendimiento;

Que distinta adoracion
Se te debe á tí, pues siendo
Indignos aun del castigo,
Mal aspirarán al premio.

Yo, pues, mi adorada Fílis,
Que tu deidad reverencio,
Que tu desden idolatro
Y que tu rigor venero:

Bien así cual mariposa
Amante, que en tornos ciegos
Es despojo de la llama,
Por tocar su lucimiento:

Como el niño que inocente
Aplica incauto los dedos,
A la cuchilla, engañado
Del resplandor del acero,

Y herida la tierna mano,
Aun sin conocer su yerro,
Mas que el dolor de la herida,
Siente apartarse del reo.
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Pero ¿para qué es cansarse?
Como á ti, Fílis, te quiero,
Que en lo que mereces, este
Es solo encarecimiento.

Ser mujer ni estar ausente
No es de amante impedimento,
Pues sabes tú que las almas
Distancia ignoran y sexo.
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¡Oh! quién pudiera rendirte,
No las riquezas de Creso,
Que materiales tesoros
Son indignos de tal dueño,

Sino cuantas almas libres,
Cuantos arrogantes pechos,
En fe de no conocerte
Viven de tu yugo exentos!
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Si crédito no me das,
Dalo á tus merecimientos,
Que es, si registras la causa,
Preciso hallar el efecto.

¿Puedo yo dejar de amarte,
Si tan divina te advierto?
¿Hay causa que no produzca?
¿Hay potencia sin objeto?

Vuelve á ti misma los ojos,
Y hallarás en ti y en ellos,
No solo el amor posible,
Mas preciso el rendimiento.
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