Pero ¿cómo hubieran los bandidos llegado a ese colmo de audacia si alguien no les hubiera seducido a fuerza de oro?

Creón

Esa sospecha es verosímil, pero muerto Layo, nadie, en medio de los males de la patria, se encargó de vengarle.

Edipo

¿Y qué males, muerto el soberano, pudieron impediros sondear esa trama?

Creón

La Esfinge, con sus enigmas enmarañados, nos forzó a abandonar lo que no podíamos descubrir, para ocuparnos de lo que teníamos a la vista.

Edipo

Bueno, es de mi empresa remontarme a la fuente de vuestros males y descubrirla. No será en vano que Apolo y vos os hayáis tomado el cuidado de vengar la muerte de Layo; me veréis, justamente asociado a vuestros designios, servir a la vez a los intereses de la patria y a los del dios. Porque no solamente por la causa de un rey que ya no existe, sino por mi propia causa, haré salir de esta tierra el objeto impuro que la ha mancillado. El que haya podido poner la mano sobre Layo podría con mano tan osada atentar contra mis días. Así encontraré mi propia seguridad en el cuidado que me tomare de su venganza. Levantaos, pues, hijos míos; apresuraos, llevaos esas ramas, símbolo de los suplicantes. Que se reuna aquí el pueblo tebano; voy a emplear todos los medios para calmar sus penas; veremos luego, bajo los auspicios del dios, si debemos ser más felices o más miserables.

El Gran Sacerdote