Edipo
Ese Creón que veis, ha venido a robarme a mis dos hijas, al único apoyo que me quedaba.
Teseo
¿Qué decís?
Edipo
La desgracia que acabo de sufrir.
Teseo
Volad al punto, corred a los altares donde el pueblo está reunido; que deje el sacrificio; que acuda diligente, a pie o a caballo, al vértice de ambos caminos; que impida el paso de las dos jóvenes princesas; que me evite la vergüenza de ser vencido por la violencia y de ser el ludibrio de ese extranjero; apresuraos a llevar a cabo mis órdenes; no hubiera yo tardado en castigarle por mi mano si me hubiera entregado de lleno al furor que merece; pero las mismas leyes por que él acaba de guiarme servirán para juzgarle. (A Creón.) No saldréis de esta comarca sin que hayáis traído y puesto en mis manos a las dos princesas, ya que habéis obrado de manera tan indigna de mí, de vuestro origen y de vuestra patria. ¡Llegáis a una ciudad que sólo respira justicia y no hace nada contra la ley, y, pisoteando los principios que la rigen, os atrevéis, en vuestra violencia, a caer sobre vuestra presa, a llevárosla y a sojuzgarla! ¿Pensáis habéroslas con una ciudad sin ciudadanos y reducida a la esclavitud? ¿No me tenéis en nada? Tebas, sin embargo, no hizo de vos un mal hombre; no acostumbra a criar ciudadanos injustos; distaría mucho de aprobar vuestra conducta, si supiera que venís a llevaros de aquí, con violencia, a desgraciados suplicantes, que se amparaban en los dioses y en mí. Nunca, aunque hubiera tenido los motivos más justos, hubiera yo ido a vuestra patria para hacerle semejante ultraje; y nunca, sin contar con el soberano, quienquiera que hubiera sido, habría yo osado llevarme ni violentar a nadie. Sé muy bien cómo un extranjero debe conducirse entre ciudadanos. Y, no obstante, no teméis deshonrar a vuestra ciudad, que no lo merece. Sin duda los años os han turbado la razón. Ya os lo he dicho y os lo repito: haced al punto traer a las hijas de Edipo, si no queréis, mal que os pese, quedaros aquí. He aquí lo que os prometo y os promete mi corazón tanto como mi lengua.
El Coro
Mirad adonde habéis llegado, extranjero; vuestra sangre anuncia en vos un hombre justo y vuestras acciones no muestran sino un mal hombre.