Ese sería, en efecto, el precio de la desobediencia. Pero muchas veces la esperanza de lucro ha llevado a la muerte a los hombres.

ESCENA IV

CREÓN, un GUARDA, el Coro

El guarda

Señor; no os diré que he venido volando hacia aquí; pues, a impulsos de los distintos pensamientos que me han afligido en el camino, he vuelto muchas veces sobre mis pasos. Ya me decía el corazón: «¡Desgraciado!, ¿por qué correr al castigo que te espera?» Ya: «¡Infortunado!, ¿qué te detiene? Si se entera Creón de lo ocurrido por otro que tú, ¿a qué suplicio estás destinado?» Tan distintos impulsos no me permitían avanzar sino con lentitud. No hay camino tan corto que no lo prolonguen semejantes incertidumbres. En fin, me he decidido y he venido. Voy a hablar, aunque no pueda explicaros nada, pues al cabo, vengo confiado en que no he de sufrir sino lo que ha sido ordenado por el destino.

Creón

¿De qué procede la turbación en que te veo?

El guarda

Hablaré de lo que me atañe, porque yo no he cometido el crimen e ignoro el autor. Sería una injusticia castigarme a mí.

Creón