Ved en qué forma ha sucedido todo. Apenas habíamos tornado a nuestro puesto, cuando, intimidados por vuestras severas amenazas, apartamos con cuidado la tierra que cubría el cuerpo de Polinicio; dejamos al aire el cuerpo ensangrentado y medio corrompido; fuimos luego a sentarnos cabe una de las eminencias vecinas, al abrigo del viento, para evitar la infección que exhalaba. Nos excitamos unos a otros con las palabras más punzantes a cumplir con nuestro deber, sin escatimar esfuerzo alguno. Hemos permanecido en tal forma hasta el momento en que el disco brillante del sol, elevándose entre los aires, los incendiaba con su fuego. De súbito, un azote celeste, un ciclón impetuoso, alzando de la tierra torbellinos de polvo, ha invadido, cegador, el campo; hemos resistido todo el ímpetu de la tempestad. Apenas se ha aplacado, esta joven princesa se ha presentado a nuestra vista; lanzaba gritos agudos, semejantes a los del ave que ve su nido despojado de los polluelos que había criado en él. Sí, de tal manera ante el cadáver descubierto, hacía resonar el aire con sus quejas y sus imprecaciones contra los autores de tal ultraje; y, de pronto, cubriendo al muerto de tierra seca, le rocía por tres veces con libaciones derramadas del seno brillante de un vaso de bronce. Al punto volamos hacia ella, y todos a la vez nos apresuramos a cogerla; no ha dado muestra alguna de espanto; interrogada por nosotros sobre el hecho actual y sobre el precedente, ha confesado ambos, y tal confesión me es a un tiempo grata y dolorosa. Pues si nada es tan dulce como librarse de los males que a uno le amenazan, es aflictivo el exponer a ellos a quienes se ama. Pero nada debe serme más caro que mi propia conservación.
Creón (A Antígona.)
¡Qué! Vos, que no levantáis los ojos del suelo, ¿no negáis el delito de que se os acusa?
Antígona
Al contrario; lo confieso y estoy lejos de negarlo.
Creón (Al guarda.)
Vaya; endereza tus pasos adonde te plazca; no tienes nada que temer. Y vos habladme sin rodeos. ¿Conocíais la prohibición que yo había hecho?
Antígona
La conocía. ¿Podía ignorarla? Era pública.
Creón