El Coro, ANTÍGONA
Antígona
¡Oh mis conciudadanos, ved a Antígona comenzar su postrer viaje y lanzar al astro del día sus últimas miradas! ¡No lo veré más! El dios de los infiernos que lo sepulta todo, va a conducirme viva a las orillas del Aqueronte, antes que haya sido sometida a las leyes del himeneo, antes que los epitalamios hayan resonado para mí; el Aqueronte va a ser mi esposo.
El Coro
¡Qué elogio, qué gloria no ganaréis al penetrar en el asilo de los muertos, vos, que sin ser herida por una enfermedad funesta, sin haber caído bajo la cuchilla, descendéis libre y viva a la morada de Plutón!
Antígona
En los campos de Frigia, sobre la cima del monte Sípilo, sé cómo en otro tiempo la hija de Tántalo sufrió el destino más funesto, y cómo una roca, elevándose en torno suyo, la envolvió por todas partes con la flexibilidad de la hiedra. Hoy, diz que nubes eternas cubren su cabeza, que parece fundirse en torrentes, y su rostro está inundado de lágrimas que no se secan nunca. Una suerte semejante, un lecho igual me está reservado.
El Coro
Niobe era diosa e hija de un dios; pero todos nosotros no somos sino mortales, hijos de una raza mortal. ¿Qué, sin embargo, más glorioso para vos, que oir decir que, al rematar el curso de vuestra vida, tenéis algo de común con los dioses?
Antígona