Sabed, a vuestra vez, que antes que el carro del sol haya recorrido muchas veces su carrera, un fruto de vuestra sangre compensará con su muerte el destino de la que encerráis viva, indignamente, en una tumba, y del que, habiendo muerto, retenéis al dios de los muertos privándole de la sepultura y de los funerales. Es un poder que usurpáis y que ni los dioses del cielo tienen; y para castigaros, las furias de los infiernos y los dioses, esos vengadores a quienes ningún crimen escapa, se aperciben a sorprenderos y os destinan una suerte parecida. Ved ahora si la venalidad ha dictado mi lenguaje. Dentro de poco hombres y mujeres harán resonar aquí sus lamentos. En todas partes donde los huéspedes de los bosques, los perros y las aves hayan llevado los trozos inmundos del cuerpo de Polinicio; en todas partes donde los altares hayan sido mancillados por este olor impuro, las ciudades, tornadas vuestras enemigas, se sublevarán contra vos. Ved (ya que me habéis forzado a ello), ved si, como un arquero hábil, he sabido enderezar todos mis dardos al fondo de vuestro corazón; no podréis evitar que os hieran. Niño, guía mis pasos. Que aprenda en adelante a hacer objeto de su cólera a gente más joven, a regular su espíritu y a moderar su lengua.

ESCENA II

El Coro, CREÓN

El Coro

¡Ah, príncipe, qué horribles predicciones ha dejado flotando aquí al irse! Durante el curso de los años que han cambiado el color de nuestros cabellos, hemos reconocido por demás la verdad de los oráculos.

Creón

Y yo también la reconozco; siento mi alma turbada. Es horrible para mí ceder, y sin embargo, si le resisto, corro el riesgo de ver incesantemente mi corazón herido por el infortunio.

El Coro

Consultad la prudencia, hijo de Meneceo.

Creón