No, si me dais tiempo de explicarme, como yo os lo he dado. ¿Pensáis, por de pronto, que nadie preferiría nunca el poder supremo, con mezcla de temor, a ese mismo poder tranquilo y libre de inquietud? En cuanto a mí, lo que puede halagarme no es tanto tener el nombre de rey como tener el poder; y todo hombre prudente pensará como yo. Todo lo que puedo desear lo recibo de vos exento de alarmas. Si reinase yo, ¿a cuántas acciones no estaría obligado que contradirían mis deseos? ¿Cómo el goce del trono me sería más agradable que un poder tan sin límites, pero sin pena ni inquietud? No hay seducción que pueda hacerme preferir cosa alguna a un bien que reúne tantas ventajas. Hoy soy buscado por todo el mundo, todos me acarician y me halagan, a mí se dirigen los que os necesitan, por mí consiguen lo que piden. ¿Cómo podría yo, renunciando a tales dulzuras, ambicionar otras? Con un poco de prudencia, un espíritu razonable no llega a ser malo. Nunca mi corazón se inclinó a propósitos semejantes y nunca hubiera podido unirme con quien fuera capaz de ejecutarlos. Si queréis la prueba de lo que os digo, id a Delfos e informaos de si he interpretado fielmente la respuesta del oráculo. Si descubrís que he podido aliarme con el arúspice y conspirar contra vos en unión suya, pronunciad, si no basta una sola para perderme, dos sentencias y añadid mi voto al vuestro; pero no me acuséis arbitrariamente y por vagas sospechas, que no es justo confundir de un modo ligero a los malos con los buenos y a los buenos con los malos. Pensad que privarse de un amigo verdadero es (me atrevo a decirlo) privarse de la vida, a la que se tiene tanto apego. Pero el tiempo os hará conocer lo que debéis pensar. Sólo el tiempo muestra cuál es el hombre justo; un solo día basta para descubrir al malo.
El Coro
Si queréis evitar, oh príncipe, caer en el error, las advertencias de Creón no pueden sino seros útiles. La demasiada prevención nos pone en peligro de engañarnos.
Edipo
Cuando un enemigo se dispone a atacarme en secreto, es necesario que, a mi vez, yo me disponga a rechazar el ataque. Si permanezco tranquilo, si no me apresuro, su plan se ejecuta y mis propósitos son vanos.
Creón
En fin, ¿qué queréis? ¿Echarme de esta tierra?
Edipo
Es demasiado poco; quiero vuestra muerte, y no vuestro destierro.
Creón