El Mensajero

No tiene nada de extraño; pero, señor, voy yo a recordarle distintamente lo que ha echado en olvido; pues harto sé que no lo ignora. Cuando en el monte Citerón conducíamos, él dos rebaños y yo uno solo, le veía con frecuencia, durante tres meses enteros, desde el fin de la primavera hasta la aparición de la estrella del Norte. Al acercarse el invierno, yo tornaba con mi rebaño a mis establos y él tornaba con los suyos al de Layo. (Al Viejo Doméstico.) ¿Lo que digo es verdad o no?

El Viejo Doméstico

Lo que decís es muy cierto, bien que hace mucho tiempo.

El Mensajero

Bien, decid. ¿Os acordáis de que me entregasteis un niño para criarle como mi propio hijo?

El Viejo Doméstico

¿Qué queréis decir y por qué esas preguntas?

El Mensajero (Señalando a Edipo.)

Ved, amigo mío, ved al que era entonces de una edad tan tierna.