Edipo
Bueno, conducidme.
Creón
Venid y dejad a vuestras hijas.
Edipo
No, no, guardaos de arrancármelas.
Creón
Cesad de querer dominar siempre; tal ambición no ha contribuído a la felicidad de vuestra vida.
El Coro
Mirad, tebanos, mirad; ved a Edipo, que descifraba los enigmas más arduos y que, llegado al poder, no temía la envidia de sus conciudadanos ni las revoluciones de la fortuna; ved en qué océano de males ha caído. Aprended así a poner los ojos en los últimos días de la vida y a no dar a mortal alguno el título de dichoso, antes que haya acabado su existencia sin experimentar infortunios.