Pero, mientras que se desplegaba tanto celo en adelantar los conocimientos astronómicos que debian perfeccionar los geográficos, el hemisfério austral, por la naturaleza misma de estas investigaciones, quedó desatendido é inmovil en medio de este gran impulso dado á los trabajos científicos. Desde el año de 1618, en que los Nodales, por órden de Felipe III, vinieron á los mares del sud á cerciorarse del descubrimiento hecho por los Holandeses del Estrecho de Lemaire y del Cabo de Hornos, hasta 1745 en que volvieron á esplorarse estos parages por los PP. Quiroga y Cardiel, ningun paso se habia dado para satisfacer, cuando menos, la curiosidad pública sobre la existencia de una nacion de gigantes, que se decia habitar las costas de Patagonia; y fué menester que otra exigencia de la ciencia de los astros empeñase á los astrónomos á dirigir sus miradas hácia el polo antártico. En 1768, el gobierno inglés, tan propenso á estender la esfera de los conocimientos humanos, puso á las órdenes del célebre é infortunado capitan Cook, un buque de guerra para emprender un viage circumpolar, y observar el tránsito de Venus por sobre el disco del Sol, desde alguna de las islas del gran Océano Pacífico. Las regiones australes, visitadas por Anson, Byron, Bougainville, fueron reconocidas por Carteret, Wallis y Cook, cuyos esfuerzos reunidos contribuyeron á desterrar los errores que se habian perpetuado hasta entonces en la configuracion de nuestro país. El gobierno español, que hubiera debido tomar una parte principal en estas tareas, se contentó con destinar la fragata San Antonio á reconocer la costa, desde el promontorio de este nombre hasta el estrecho de Magallanes.

Pero todos estos trabajos eran meramente gráficos y exteriores. Las observaciones de los marinos no se extienden mas adentro de la costa, y su rápida aparicion en algunos de sus puntos, no les deja el tiempo necesario para estudiar la índole de sus habitantes. A este vacio suple la obra del P. Falkner, que, aunque no siempre exacto en sus detalles topográficos, merece crédito en lo demas, por haber vivido por muchos años entre las tribus que describe. El conocimiento, aunque superficial, que tenia de sus idiomas, era bastante á ponerle en relacion con ellos, y á examinar con mas esmero sus usos y costumbres. Puede creérsele, cuando se descubre cierta conformidad y analogía entre lo que escribe, y lo que observó al cabo de cincuenta años el Señor Cruz, cuyos viages hemos reunido de intento en el mismo volúmen.

Estas nociones adquiridas á costa de grandes privaciones y de incesantes peligros, no deben mirarse con desdén, aunque se les note algun defecto. ¿Cual es el libro de geografia que no manifieste sus errores al que lo compare con los que le son posteriores?..... El de Falkner no medra por grandes conocimientos, pero no deja de presentar en sus páginas alguna indicacion útil, y otras, que sin serlo, tienen una importancia relativa, por señalar el estado en que se hallaba la geografia de estos paises en la mitad del siglo pasado.

Otra prueba del crédito de que ha disfrutado esta produccion, es el haber servido de texto para la formacion del gran mapa de América Meridional, del que se ha valido el Sr. Arrowsmith, y que publicó en Madrid en 1775, D. Juan de la Cruz Cano y Olmedilla: nada hemos visto hasta ahora que deje en problema el mérito de estos mapas. Lo que sí parece destinado á eclipsarlos es el diario de la expedicion al Colorado y al Rio Negro, al mando del Ilustre General ROSAS, que ha recorrido en triunfador los mismos parages descriptos por Falkner. El espíritu de órden, que no es la menor prenda de este benemérito Magistrado, ha presidido á todas las operaciones de su memorable campaña, y no dudamos que cuando las demas atenciones que le rodean le dejen el tiempo necesario para coordinar los materiales preciosos que tiene acopiados, se derramará una gran luz sobre el territorio y las tribus que ha conquistado. Lo que se ha impreso ya, aunque en trozos aislados, dá una idea sumamente ventajosa de estos trabajos, que, á mas de las operaciones militares, abrazan la topografia, los cálculos astronómicos y los reconocimientos hidrográficos. Solo entonces podrán rectificarse las imperfecciones de los demas viages existentes; porque esta nueva descripcion de un país poco conocido, la hace el que lo ha examinado, y hecho examinar bajo los auspicios de la victoria.

La version de la obra de Falkner, que publicamos por primera vez, fué emprendida, poco despues de haber aparecido el original en ingles, por D. Manuel Machon, oficial, como se titula, de la secretaria del Consejo de hacienda, por lo respectivo á millones. Se nos ha asegurado por personas inteligentes, que la Corte de Madrid se opuso á la reproduccion de este escrito, y no podemos atinar con el objeto de esta prohibicion: porque si fué, segun se cree, por el recelo de que se divulgasen las noticias, de los puntos vulnerables de estas colonias, que daba el P. Falkner, de nada servia ocultarlas en España, mientras que circulaban libremente en el extrangero. Al contrario, importaba dar la mayor publicidad á estas tramas de los enemigos de la monarquía española.

Este escritor sobrevivió por muchos años á la destruccion de su órden, y murió tranquilamente en Spetchley, cerca de Worcester, llenando las funciones de capellan en casa de un católico. Su obra fué publicada en ingles con el título que le hemos conservado, traducida al aleman y al frances, quedando inédita la version castellana que debió haberles precedido.

PEDRO DE ANGELIS.


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